viernes, diciembre 23, 2005

Estoy pasando por una etapa de mi vida bastante tranquila en comparación con mi alocado pasado, pero dice mi médico personal (y amigo) que debo dejar de automedicarme, porque se está confundiendo él ya que muchas veces me diagnostica medicamentos que ya estoy tomando. Generalmente empiezo con el consumo de algún nuevo fármaco porque me atrae "la cajita" en la que viene, sobre todo si es de color metalizado y son pastillas grandotas. Los farmacéuticos son geniales, tienen muy buena onda con los tipos como yo, pero algunos se aprovechan de que generalmente voy sin receta y me cobran cualquier cosa. Uno de los inconvenientes que se me planteó por mi gusto por los artículos de farmacia es la desaparición repentina de ciertas drogas, porque este mercado nunca se detiene, y aunque yo extraño esas "joyas del pasado" debo adaptarme a los progresos de la ciencia.
Aquí podemos ver el "Potonine 8800" un complejo vitamínico hecho a base de bilis de tortuga y placenta de roedores

Lo más llamativo en este asunto de grageas e intravenosas fue como empecé con esta vorágine consumidora... me fui a pesar. Yo estaba cerca de los ochenta kilos y me avergonzaba un poco subirme a la balanza. Trataba de acercarme y me iba a mirar el exhibidor de los "champues" (si es este el plural correcto), en tanto que el empleado de la farmacia me mira y pregunta si necesitaba algo, a lo que respondí sin pensar que buscaba un descongestivo; y al instante pedí aspirinas, desinflamatorios, bicarbonato y otras chucherías... me emociono cuando lo recuerdo.

Pero el tordo dice que me está haciendo mal... hoy por ejemplo me olvidé de tomar las pastillas para acordarme de dejar de engordar, y me puse como loco... me clavé un paquete de pastillas para el dolor de garganta con medio frasco de laxante. Ahora estoy esperando (sentado en el sanitario con la notebook sobre mis rodillas) que pase la enfermera que me va a dar un inyectable, lo gracioso fue que le dije que me traiga algo para la caspa... bueno... ella ya me conoce y algo se le va a ocurrir.

martes, diciembre 13, 2005

Lo reconozco, me gustan muchos temas de Christopher Cross,

lo que no me hace no mejor ni peor que nadie; ni alberga en mí algún odio o recelo para con los que no lo hacen. Algunas de sus canciones me recuerdan algo que no se que es y además no se siquiera si el recuerdo es bueno o malo debido a que no lo recuerdo. Quizás la sala de espera de algún dentista, o alguna de esas noches en que mi pareja era una radio de amplitud modulada (más comúnmente conocida como A.M.) Mi mente vuela como estornudo de ñato al tratar de rememorar o más bien de asociar una canción con alguna vivencia anecdótica. Pudo ser cierto cassete de "lentos" que escuché en el triste estereo del R18 de mi viejo.
Supongo que todos tienen este tipo de sensaciones... no de canciones favoritas, sino de canciones que tal vez uno no sabe ni siquiera como se llaman y se deja transportar por ellas al pasado en el instante en que vuelven a sonar.
Es sorprendente que mecanismo complejo de la mente nos remonta como si el tiempo dejase de existir, ni las fotos lo logran a pesar de hacer un intento muy loable. ¿Qué mezcla de factores tienen la facultad de alterar la percepción de tiránico paso de las horas, días y años? Llegado el momento crucial en el que mis sentimientos son como el pequeño nido de un ave sacudido por el viento de la incertidumbre, la lluvia de la emoción y las comadrejas de mi ineptitud como ser pensante y reflexivo debo sincerarme y decir que escuchando con detenimiento las canciones a las que hacía alusión no pertenecían a Christopher Cross sino a Stephen Bishop... y tampoco son tantas... y en tren de sinceramientos podría decir que odio a las personas a las que no les gustan estas canciones.

Tal vez no me ornamente de amigos este descargo pero mi ascenso a los cielos será por mis virtudes y no por mi doblez o falsedad ideológica... hoy en día mis actos son las flores que embellecen la pradera que me separan de aquella bestia que tomaba vino, comía carne y tenía sexo con cualquier cosa.
En fin, las canciones no son sólo obras de arte o productos de consumo, también son odio y trampolines al Valhalla.

viernes, diciembre 02, 2005

Un ave!!! dijeron los que me vieron desde abajo, y sin perder la oportunidad de quedar como un ser sobrenatural antes los simples mortales que habitan el almo suelo hice una reverencia, sonreí y seguí mi derrotero; mientras imagino me observaban extasiados aquellos sujetos.

No es que haya estado volando en el sentido estricto del desplazarse por los aires voluntariamente; yo sólo había salido despedido al tratar de reparar aquella caldera de vapor (de la que nunca debí haber dicho que sabía arreglarla)... pero esa sensación de atravesar el cielo y ser observado me desinhibió... así fue que me hice el gil simulando que volaba. Utilicé un clásico... el puño izquierdo hacia adelante con el brazo bien extendido, mirada al frente y el otro brazo retraído, con la mano bien cerrada cerca del hombro. Reconozco que no sabía bien que hacer con las piernas, aunque creo que debo haber dado una buena imagen dejándolas juntas e improvisando un "puntitas de pies" para estilizar la pose general.

La explosión debe haber sido bastante fuerte porque estuve cerca de cinco minutos en el aire, lo que pasó es que salí "bien para arriba", describiendo una parábola (la parábola del pelandrún que dice que sabe arreglar calderas a vapor). En un momento pensé que lo hacía... es decir: pensé que comandaba ese vuelo... que tenía el control, pero no cuando empezó la caída me di cuenta que ya no podía volver hacia arriba... que ni siquiera podía planear para que el golpe final sea algo más leve. Fue cuando los techos de las casas se veían cada vez más grandes cuando me cayó la ficha... sabía que estaba frito... pero le puse mucho entusiasmo al camino hasta el piso.
Un instinto salido de lo más hondo de mi ser me llevó a sacarme la ropa... necesitaba morir desnudo... vaya a saber por qué... como intentando cerrar el ciclo de la vida de una manera digna y pura... como un nacimiento pero al revés. EN PELOTAS Y HACIA LA MUERTE comencé a buscar un lugar donde yacer, pero repentinamente una copa de un árbol se cruza ante mis ojos absortos y al instante de pensar que la rama me ensartaba, esta se rompe, y así con otras seis ramas cada vez más gruesas. Ya me salía sangre hasta de los dientes (los cinco que conté que me quedaban), tenía dos costillas "fuera de borda" asomando debajo de mi tetilla derecha y una pierna (no recuerdo cual) se doblaba en bastantes más lugares que el tobillo y la rodilla. No era dolor lo que sentía... era un fuego, un circular de ácido por las venas... parecía que lo que estaba saliendo de mi fuese más que sangre... era lava ardiente... inexplicable... y yo en pelotas en la horqueta de un árbol.