El paso del tiempo me ha demostrado que no sólo soy vulnerable al vino malo sino que también me hieren los avatares de la vida. Pero como reverendo nabo que nací, el mismo tiempo que cubrió de cicatrices mi autoestima dejó un chorrito de agua oxigenada y un algodón pegoteado que me recuerda que el almanaque es más que el fixture de los mundiales que perdí.
Hoy me dí cuenta que en los BLOGS lo último que escribo queda primero, o sea es la "última entrada"; por lo que mis relatos quedan como desordenadas e inconexas películas de Tarantino.
Bien... la anécdota que me viene a la mente es otra espina cruzada en mi destino musical, corría el invierno del '69 y estaba tocando con la agrupación "Los Guruses", los productores que nos escuchaban decían que éramos los nuevos Beatles y eso nos hizo sufrir la persecusión y el oprovio de ser medio paparulos.
La fama es como el pan con manteca. A mi nunca me gustó, y todos los que comían eso tenían más fuerza, más suerte, más inteligencia y más dinero que yo... bueno, el punto es que no sé si la fama será como el pan con manteca o sólo no me agradan ambas cosas y ellas llenan de satisfacciones a los demás.
La fama nunca se acercó a Los Guruses, pero supimos conseguir los laureles de los que habla el himno nacional argentino, y aunque nuestra meta para con el laurel era condimentar la salsa de un mondongo todavía somos recordados como músicos.

Esta banda sin par ascendió los escalones de la locura con la inocencia descomensurada de la lombriz que sube los estratos de la tierra ante la simulación de sonido de lluvia que realiza el tero y al tenerlas a su alcance les sacude un picotazo en el marote.
Ese escalar demente nos dio una vista de gran amplitud para con los acontecimientos de la vida cotidiana y nos privó de la sabiduría de quien sólo se sienta en el cordón de la vereda, toma porrón y no se arriezga a caer más que por un porrazo de la curda que acumuló.
En este ascenso no puedo obviar nombrar a Francisco, o como nos gustaba llamarlo: "Francisco". Un jovenzuelo trabajador del sonido y músico contemporáneo; que a partir del encuentro en un ascensor configuramos una amistad técnica y simpática como cachorro de suricata. En su cloaca del sonido de la calle Rodriguez, Los Guruses imaginaron un mundo mejor donde las guitarras siempre tenían cuerdas nuevas, los palitos de bata no se rompian nunca y la cerveza jamás se calentaba. Godzila... así se llamaba esa alcantarilla musical, donde se fundía la sapiencia de Francisco y la algarabía nuestra... aunque a la vez nos fundíamos en el estricto sentido económico de la palabra. Era un feedback de ritmo, entusiasmo y disciplina; un enema de arte que nos interconectaba y lograba que funcionáramos como uno.
En aquellos tiempos el diario Clarín venía con tapa dura y el suplemento de deportes era de chapa de cinc. Horacio Guarany se había separado de Facha Martel porque este tenía un amorío con Héctor José Cámpora (que en escasos años sería presidente de la nación). Lito Nebbia escribe "La Balsa" con la mano izquierda (hacía dos años lo habría hecho con la otra mano) y los gobernadores de Santa Fe y Entre Ríos (no recuerdo sus nombres) inauguran el recientemente contruido Río Paraná.