viernes, diciembre 02, 2005

Un ave!!! dijeron los que me vieron desde abajo, y sin perder la oportunidad de quedar como un ser sobrenatural antes los simples mortales que habitan el almo suelo hice una reverencia, sonreí y seguí mi derrotero; mientras imagino me observaban extasiados aquellos sujetos.

No es que haya estado volando en el sentido estricto del desplazarse por los aires voluntariamente; yo sólo había salido despedido al tratar de reparar aquella caldera de vapor (de la que nunca debí haber dicho que sabía arreglarla)... pero esa sensación de atravesar el cielo y ser observado me desinhibió... así fue que me hice el gil simulando que volaba. Utilicé un clásico... el puño izquierdo hacia adelante con el brazo bien extendido, mirada al frente y el otro brazo retraído, con la mano bien cerrada cerca del hombro. Reconozco que no sabía bien que hacer con las piernas, aunque creo que debo haber dado una buena imagen dejándolas juntas e improvisando un "puntitas de pies" para estilizar la pose general.

La explosión debe haber sido bastante fuerte porque estuve cerca de cinco minutos en el aire, lo que pasó es que salí "bien para arriba", describiendo una parábola (la parábola del pelandrún que dice que sabe arreglar calderas a vapor). En un momento pensé que lo hacía... es decir: pensé que comandaba ese vuelo... que tenía el control, pero no cuando empezó la caída me di cuenta que ya no podía volver hacia arriba... que ni siquiera podía planear para que el golpe final sea algo más leve. Fue cuando los techos de las casas se veían cada vez más grandes cuando me cayó la ficha... sabía que estaba frito... pero le puse mucho entusiasmo al camino hasta el piso.
Un instinto salido de lo más hondo de mi ser me llevó a sacarme la ropa... necesitaba morir desnudo... vaya a saber por qué... como intentando cerrar el ciclo de la vida de una manera digna y pura... como un nacimiento pero al revés. EN PELOTAS Y HACIA LA MUERTE comencé a buscar un lugar donde yacer, pero repentinamente una copa de un árbol se cruza ante mis ojos absortos y al instante de pensar que la rama me ensartaba, esta se rompe, y así con otras seis ramas cada vez más gruesas. Ya me salía sangre hasta de los dientes (los cinco que conté que me quedaban), tenía dos costillas "fuera de borda" asomando debajo de mi tetilla derecha y una pierna (no recuerdo cual) se doblaba en bastantes más lugares que el tobillo y la rodilla. No era dolor lo que sentía... era un fuego, un circular de ácido por las venas... parecía que lo que estaba saliendo de mi fuese más que sangre... era lava ardiente... inexplicable... y yo en pelotas en la horqueta de un árbol.

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